Reflexión: Lo que buscamos en nuestra vida

     Quizá sigamos una brújula que nos indique el norte de nuestras vidas, pero quizá no queremos realmente ir hacia el norte. Casi siempre nos planteamos, aún inconscientemente, algún objetivo que representa lo que queremos conseguir como máximo logro. Eso es lo que vendría representando nuestro "norte", sin embargo, ¿nos detenemos a reflexionar seriamente respecto a eso? Me hago esa pregunta porque si pensamos dedicar todo nuestro esfuerzo durante muchísimo tiempo por alcanzar un objetivo, al menos deberíamos estar convencidos que realmente tras lograr alcanzarlo, tendríamos la plena satisfacción y felicidad esperada.

     Muchas personas se plantean objetivos materiales, como por ejemplo, una casa propia. Este caso, similar a muchos otros, hace que hagamos un contrato a largo plazo con alguna entidad financiera, como algún banco. Generalmente estos son préstamos hasta a 20 años. Significa que por los siguientes 20 años, estaremos haciendo esfuerzos y sacrificios para cumplir con el acuerdo, lo cual, como se ve muy frecuentemente, nos va quitando la alegría del día a día, aparte del mismo hecho de saber que cuando por fin lleguemos a pagar el último monto adeudado, ya habremos pasado quizá lo que debieron ser los mejores años para disfrutar la vida y que no pudimos disfrutarlos como debimos, por estar dirigiéndonos a ese norte que nos planteamos antes.

     Reflexionar sobre esto es importante, pero a la vez puede resultar frustrante, dado que en cierto modo, nos gusta no tener que pensar en nuestro futuro lejano, aunque nos metamos en acuerdos a muy largo plazo.

     ¿Que ocurre cuando descubrimos que luego de alcanzar algún objetivo, realmente no nos satisface? Si el objetivo se alcanzó en poco tiempo, simplemente nos planteamos otro, pero si tardamos toda una vida, ya no habría marcha atrás.

     Lo de la casa era solo un ejemplo, pues todos queremos tener la nuestra, de la manera que sea. Lo que no deberíamos es ponernos eso como nuestro "norte", porque evidentemente, si aplazamos lo que nos haría felices a un futuro lejano e incierto, perderemos todos esos momentos de felicidad, que podrían ser efímeros, pero que aún así podríamos disfrutarlos frecuentemente y no tener que esperar a que seamos viejos.

     Tal vez en lugar de guiarnos por una brújula que nos indique el norte, sería mejor un radar, que simplemente nos indique cuando estamos cerca de algo que deseamos, que nos gusta o que nos puede brindar algo de felicidad (o felicidad plena).

     El radar no tendría objetivos fuera de nuestro alcance, pues de estarlo, no aparecerían en su pantalla. De esta manera, todo lo que se muestre como un objetivo, podremos tener certeza de que podríamos alcanzarlo en un margen de tiempo aceptable.

     Esto no quiere decir que no debamos tener planes a largo plazo, simplemente intento sugerir que aprovechemos cada momento posible, mirando las cosas pequeñas en nuestra vida y no enfocarnos exlusivamente en lo grande que algún día quisiéramos alcanzar.

     ¡La vida es ahora!


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