Historia de un candidato

La historia se repite. Ese es uno de los errores de la historiaCharles Darwin

YO Voto por NINGUNO

     En un país que no voy a mencionar, hubo un hombre de cuyo nombre no quiero acordarme (Perdón, Cervantes, por la falta de originalidad adrede). Este hombre, buena gente y muy sociable, contaba con la empatía que le hacía un personaje popular en la sociedad.

     Cierto día, un amigo de su infancia que se había ido del pueblo hacía ya muchos años, regresó y al ver la popularidad de este hombre, lo convenció para que incursionara en la política, optando por la alcaldía del pueblo. El hombre fue fácilmente convencido por su viejo amigo, se inscribió en el partido que le sugirió el amigo. La mayoría de sus compueblanos votaron por el, dándole oficialmente el puesto de alcalde.

     Durante su mandato, empezó realizando buenas obras en favor del pueblo, pero apenas transcurrieron meses cuando el amigo le había “sugerido” otros usos mas cuestionables al presupuesto que recibía por parte del estado. En un principio, el alcalde se negaba, pero gracias a la suspicacia de su amigo y a la ambición propia en cada uno de los seres humanos, el alcalde terminó dejándose seducir por el mejoramiento sustancial de su propio estilo de vida, sus bienes y los de sus vínculos mas cercanos.

     Al final de su mandato, el alcalde ya era un hombre bastante rico, su amigo no era menos, pues era la mano derecha detrás de cada decisión, era su consejero particular. No conformándose el amigo con lo que ambos habían adquirido,  y alentado por “sugerencias” de instancias superiores de “el partido”, convenció al, ahora ex-alcalde, de que siguiera su carrera política, pero esta vez, como candidato a la presidencia.

     En principio, le pareció demasiado ambicioso el proyecto, pero finalmente, y ahora no solo convencido por su amigo, sino, por varios altos dirigentes del partido, los cuales no contaban con ningún candidato que gozara de al menos un poco de simpatía y necesitaban una figura como este hombre, el ex-alcalde accedió a convertirse en el CANDIDATO.

     Entre anuncios publicitarios, discursos y reuniones con la sociedad, el candidato fue ganando adeptos, quienes creían que este hombre traería una verdadera nueva esperanza, a una sociedad que ya estaba harta de siempre caer en lo mismo. Así que con el voto mayoritario, el candidato se convirtió en PRESIDENTE.

     El hombre no podía contenerse de la emoción. Pensaba en todo lo que podría hacer por su país, parecía un sueño, pero pronto lo despertaron, acordándole los favores que debía a todos los que le apoyaron económicamente durante su campaña, favores a quienes hicieron posible su candidatura dentro del partido, favores y obediencia ante los intereses particulares de sus líderes partidarios…   …en fin, poco tiempo tardó tomando decisiones por cuenta propia, pues muy pronto tuvo que empezar a aprobar proyectos gigantescos que consumían muy rápido el presupuesto anual, que beneficiaban poco o nada al país (pero enormemente a empresas que le apoyaron durante su candidatura).

     El hombre, al verse inmerso en ese mundo tan intricado como lo es la política (al menos tal como la conocemos hoy), no vio otra opción, mas que la de aceptar todos esos “beneficios” cuestionables, llegando a acumular mas riquezas de las que podría gastar en todo el resto de su vida y haciéndose cada día mas indiferente con el pueblo que lo había elegido.

     Terminó su mandato de la misma manera que lo terminan todos, cegado por sus “logros”, no en favor del pueblo, sino, en favor propio, en favor de su partido, en favor de sus “patrocinadores”

Esclavitud moderna

Mártires de Chicago

“Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno... pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida” Adolf Fischer

“El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme.” Albert Parsons

“Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. [...] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia” Hessois Auguste Spies

“No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!” Louis Ling

 

     Estas fueron las últimas declaraciones de aquellos que entregaron sus vidas a los esclavistas… …perdón, quise decir, a los capitalistas de la entonces revolución industrial, donde en los Estados Unidos se desarrollaba un crecimiento económico inmenso, gracias a la creciente industria y a la mano de obra barata y el trabajo en exceso por parte de los obreros, que bien podría decirse, que poco difiere aquello de lo que en otra época se conoció con el nombre de esclavitud.

     Hace ya mas de cien años desde que aplicaron pena de muerte (La horca) a aquellos ocho hombres conocidos históricamente como los “Mártires de Chicago”, aunque realmente murieron muchos mas, no condenados por el sistema de “justicia” (Nótese claramente las comillas), sino, por la represión letal de las fuerzas policiales, que respondían al gobierno, el cual a su vez, obedecía a los intereses de los empresarios industriales.

     Otros lacayos que no podemos dejar de mencionar sobre aquel entonces son los de la prensa. Sabemos que incluso hoy, la prensa está plagada de “favoritismo”, por no utilizar una expresión despectiva, pues de cada 100 periodistas, solo podemos seleccionar unos pocos que no se vendan a los intereses económicos que les brindan para decir las “verdades convenientes” o callar las “inconvenientes”. De cualquier forma, para aquella época, los diarios de mayor reputación publicaban cosas como estas:

“Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo.” The New York Times

“El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas.” Philadelphia Telegram

“Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento” Indianapolis Journal

 

     Pero no toda la prensa hizo la función de lacayo, como excepción fatal, pues le costó morir en la horca, el periodista Adolph Fischer, editor del periódico Arbeiter Zeitung, se apresuró hasta la imprenta e imprimió veinticinco mil octavillas con la siguiente proclama:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!

 

     Hoy día, se mantiene el legado de aquella lucha que se extendió por todo el planeta, sin embargo, aunque existe eso de la “jornada laboral de ocho horas”, vemos que la triste realidad presenta una clase obrera que trabaja gran cantidad de horas extra, en muchos casos mal pagadas, solo para poder subsistir con un nivel de vida “regular” (en realidad, lejos de ser aceptable). Muchas personas viven exclusivamente para trabajar, se alimentan para restaurar energías y poder seguir trabajando, duermen porque es una necesidad ineludible y finalmente reciben un pago que apenas les da para seguir cubriendo sus necesidades básicas, por lo que para cualquier asunto “extra”, esas personas recurren al endeudamiento, lo que una vez iniciado, es la historia sin fin, pues es un agujero que solo tiende a ser mas profundo según avanza el tiempo.

Tal como me comentaba alguien hace un tiempo: “La esclavitud no desapareció, solamente cambió de nombre”

 

Fuente consultada: Wikipedia