Puntos de vista

“La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla” David Hume

greeneyes

     Expresado de manera mas popular, la anterior frase se suele escuchar como “La belleza está en los ojos del que la mire”. Esto lo aplicamos a distintos ámbitos de la vida, como por ejemplo, al amor.

     Recientemente me vi envuelto en una larga discusión con unos amigos, acerca de un tema tan comentado como lo es el amor. No es esta publicación la que se va a prestar para continuar el alboroto, sin embargo, pudimos constatar que de un mismo tema, pueden salir tantos puntos de vista como personas que estén implicadas. Dicho de otro modo, cada persona podría tener un exclusivo punto de vista, aun tratando un tema común para todos.

     Los conceptos como el bien y el mal, no escapan de la relatividad, sigue dependiendo de los ojos con que se mire, por lo tanto, nos equivocamos siempre que juzgamos a los demás partiendo de nuestro punto de vista, sin tomar en cuenta el punto de vista de aquel a quien queremos juzgar.

     Pero ¿acaso no existen puntos de vista comunes? ¿la humanidad nunca está totalmente de acuerdo en temas globales? ¿cambiamos nuestro punto de vista persiguiendo un beneficio individual?

     Las respuestas a las anteriores preguntas pueden ser muchas, y lógicamente va a depender de los “ojos con que se mire” (relatividad). No puedo opinar por otros, así que me limitaré a dar la opinión que perciben mis “ojos”.

     Los puntos de vista comunes sí existen, pero no perduran en el tiempo, así que solo podría ser un punto de vista común, algo cuya existencia sea efímera. Esto es así porque las personas tienden a ir cambiando sus puntos de vista a medida que pasa el tiempo, ya sea porque reciben mas información que les ayude a entender mejor un caso, o porque se aburren de lo mismo.

     La humanidad, ya abarcando a todo el planeta Tierra, suele verse en conjunto como “la especie dominante” que está en la cima de la cadena evolutiva. En ocasiones pensamos que estamos de acuerdo cuando existe alguna amenaza general, sin embargo, citamos como ejemplo al tan mencionado tema del Calentamiento Global. Este tema es de interés mundial, pues afecta a todas las especies de todos los reinos de la naturaleza, sin embargo, aparecen muchos a favor de hacer algo para reducir las causas y muchos otros se prestan a contradecir a los que toman esas iniciativas. También aparecen otros que simplemente son indiferentes. Si viniera un asteroide gigante, capaz de destruir el planeta, muchos pensarán que todos los países deben unir fuerzas para combatir al enemigo en común, otros pensarán que cada país haga sus esfuerzos por separado para tener mas probabilidades de éxito, mientras que otros opinarían que “si ha de ocurrir, que ocurra la catástrofe, pues así lo ha querido Dios”.

     Según las personas que he podido tratar por mucho tiempo, son pocos (o quizá ninguno) los que logran mantenerse fieles a un mismo punto de vista, es decir, cuando tienen un punto de vista sobre algo, y en un momento determinado esa opinión no les conviene, simplemente cambian su punto de vista. La experiencia me ha demostrado que es bastante difícil mantenerse fiel a los propios ideales, por esta misma razón, que las circunstancias cambian en un momento y lo que antes nos convenía, ahora nos perjudica. Si se me permitiese usar palabras “bíblicas” para expresarme, diría lo siguiente:

Bienaventurados los fieles a sus ideales, porque solo ellos alcanzarán la gloria

El día que cometí “Harakiri”

Harakiri o Seppuku

     El Harakiri (o Seppuku), era una práctica ritual japonesa, comúnmente utilizada por los samuráis. Consistía en suicidarse para morir gloriosamente, en lugar de llegar a caer en manos del enemigo o bien fuera para expiar la culpa de haber deshonrado el código de honor.

     Pasando cuentas de todo cuando acontece a mi alrededor, las cosas que ocurren o dejan de ocurrir, las cosas que se cambian o se dejan de cambiar…    …todo lo que ocurre mientras me mantengo indiferente al mundo, sin actuar, sin intervenir, sin evitar la injusticia ni aplicar la justicia cuando el caso lo amerite. Sin preocuparme por el bienestar de todos. Me siento sin honor, sin la dignidad de representar la casta guerrera de un samurái. Siento que he traicionado los principios y el código de honor que me fueron heredados y los que juré defender a costa de mi vida.

     Hoy no quiero seguir viviendo en la deshonra. Hoy he recurrido al Harakiri. He tomado mi espada y me he desentrañado, con eso espero limpiar mi honor y revalidar los valores de mi casta.

     He sufrido mucho estos últimos minutos, pero ya no existe mas dolor, ahora nada perturba mis pensamientos. Noto que puedo moverme con mucha facilidad, pese a saber que la herida que me provoqué debió dejarme inmóvil.

     Ahora puedo ir a cualquier lugar, no me detiene ningún obstáculo. Siento que soy aire y puedo volar literalmente donde desee. Me traslado hasta donde se encuentran aquellos por quienes di mi vida. ¿Que les ocurre? Todos están en la misma situación que antes. Nadie ha cambiado, siguen indiferentes al mundo. Siento consternación por el hecho de que no valoraron mi sacrificio. Entiendo que todos se han vuelto egoístas y solo piensan en ellos mismos. Ese egoísmo los ha hecho actuar individualmente. Que pena, olvidaron que la fuerza está en la unión, por eso no logran sus objetivos. Incluso cuando la mayoría tienen los mismos objetivos, el hecho de que cada uno lo intente por si solo, les evita conseguirlo.

     Ahora me siento mejor de haber ejecutado el harakiri, pues si no era por mi propio honor, lo habría hecho para no vivir la vergüenza de que mi casta perdiera de repente sus principios y se dejara seducir por las promesas de riquezas individuales, olvidando a sus hermanos, olvidando lo que juraron defender y finalmente, olvidándose de quienes son en realidad.

     Solo quisiera poder volver y hacerles ver a mis hermanos lo equivocados que están al preocuparse solo por ellos mismos y olvidar a sus hermanos. Hacerles ver lo tristes que estarían si lograran cumplir sus objetivos y vieran que nada vale la pena si no lo pueden celebrar con los hermanos, si no pueden compartirlo ni admirarlo. Nada es un logro si carece de valor, si no tiene un significado apreciable mas allá de nuestro propio aprecio.

     Es hora de irme, de seguir mi camino hacia mis ancestros, donde esperaré pacientemente al resto de los míos. Solo entonces sabré si han cambiado de parecer, si aprendieron a preocuparse por los demás, si aprendieron a unirse para ver que unidos es la forma mas fácil de lograr los objetivos y que de esa manera, los objetivos se disfrutan mucho mas. Hasta entonces, me limitaré a esperar, esperar, o…       …quizá despertar.