Navegando en el desierto

“…aun cuando uno se reconozca comunista, o socialista, o peronista, o cualquier otra ideología política en determinado país, solamente caben dos posiciones en la historia: o se está a favor de los monopolios o se está en contra de los monopolios” – Ernesto Guevara

Navegando en el desierto

     Los tiempos pasados tenían aguas turbulentas, pero las cosas han empeorado, ahora todo se ha convertido en desierto. Navego por las interminables dunas intentando encontrar explicaciones sobre como llegamos a estos extremos.

     El mundo parece haber estado dividido en dos partes; en una parte veo restos de pueblos que libraron luchas revolucionarias derrocando a sus respectivos dictadores, mientras que en la otra parte, veo restos de pueblos que aguardaron pacientemente con la esperanza de que vendrían tiempos mejores, hasta que fueron lentamente exterminados por los monopolios y la avaricia insaciable de sus gobernantes.

     Puede que las generaciones de mayor edad se hayan quedado sin ideales, por lo que he preferido investigar lo que ocurrió con las generaciones mas jóvenes, quienes debían representar la verdadera lucha de sus respectivos pueblos. Lo que encuentro resulta entristecedor y hasta deprimente, pues descubro que una gran cantidad de jóvenes en todo el mundo, quedaron sumidos en un mundo artificial compuesto por absurdos programas televisivos que llamaban “Reality Shows”, también idolatraban figuras de géneros musicales que promovían una cultura de ostentación extrema, lo que los mantenía distraídos de las realidades sociales de su entorno. Supongo que eso no ocurría por casualidad, sino que era obra silenciosa y precisa de quienes ejercían el poder de los monopolios.

     Con la mayor parte de la juventud idiotizada dentro de una burbuja de entretenimiento interminable pero insípido, los monopolios, que son los vehículos en los que viaja el capitalismo y que aplastan todo a su paso, fueron socavando las voluntades de todos los pueblos, despojando a los individuos de sus identidades, sus ideales, sus esperanzas y hasta sus almas.

     El desierto mas terrible por el que navego es el que perteneció a los pueblos que nunca libraron sus luchas, sino, que se quedaron a obedecer la hegemonía imperialista de los monopolios. Esos pueblos que nunca plantaron cara a los constantes abusos a que fueron expuestos. Esperaron y esperaron hasta que fue demasiado tarde. Cuando ya no quedaban recursos para la vida, perecieron y los monopolios sin tener de que sustentarse, se fueron desnutriendo, llegando casi a perecer. Como última alternativa, esos monopolios escuálidos se fueron al otro lado del mundo, donde los pueblos sí habían librado sus luchas. Lamentablemente muchos pueblos habían librado sus revoluciones como fruto de la espontaneidad, por lo que sus monopolios no tardaron en imponer nuevamente su hegemonía, aunque claro, esta vez con mucho menos poder y con la amenaza constante de un pueblo despierto e intolerante. En este lado del mundo, los desiertos parecen menos tormentosos, contraste de como fueran mucho tiempo atrás, cuando reinaba el hombre. Aquí los monopolios foráneos se unieron a los locales, mas por necesidad que por gusto. Unidos empezaron a succionar la sangre de los pueblos, que ya estaban fatigados de las tantas luchas libradas. Fueron exterminando las fuerzas de las personas, la flora y la fauna y todo recurso que podría encontrarse en el planeta. Todo se convertía en contaminación, todo se consideraba “material gastable”, hasta que ya no quedó nada. Fue entonces cuando los monopolios entraron en guerra con sus homólogos, culminando en la exterminación total.

     Después de mucho navegar y escudriñar en los mares de arena, pude recuperar las memorias de muchos jóvenes que sí mantuvieron ideales y siempre estuvieron luchando contra los monopolios. Lamentablemente eran siempre una minoría en cada sociedad, pues los monopolios sistemáticamente los desviaban de sus ideales con sus miles de artimañas.

     Si tan solo hubiese existido mas voluntad, menos tolerancia a los regímenes corruptos, mas juventud despierta e incorruptible, menos ceguera social, mas conciencia del poder de la unión y la necesidad de que los pueblos impongan su voluntad por encima de sus gobernantes cuando estos claramente abandonan el camino del bienestar común; hoy el mundo no sería un interminable mar de dunas. Hoy no debía estar navegando en el desierto.

     Analizando todo en retrospectiva, llego a la conclusión de que todo se empezó a perder desde hace mucho, cuando el hombre, sin saberlo, fue despojado no solo de su ideología, sino incluso, de su sentido común.

2 comentarios:

Lucía Medina dijo...

Uf! Cuántas realidades juntas, estoy aturdida... También dijo Guevara que el capitalismo es el genocida más respetado del mundo. Sabes qué? Tú y él, son otros dos grandes capitalistas... Tienen el monopolio de la verdad!

Excelente artículo.

Luduing Rodríguez dijo...

Jajaja, gracias por tu comentario, Lucy. En verdad me voy influenciando con todas las realidades que me rodean y algunas veces, la forma de expresarlo todo es en esta forma, quizá abstracta, pero sin abandonar la realidad.

Quisiera ver una realidad distinta, pero no debemos detenernos a soñar, hay que materializar nuestros sueños e ideales.

¡Un abrazo!

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