La chica del tren

“La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces” - Proverbio persa

     Habiendo frecuentado por varios días el tren de Nueva York (NYC Subway), he podido observar pacientemente los comportamientos de las personas que viajan en este medio de transporte urbano. Aunque no soy sicólogo de profesión, admito que dedico mucho tiempo a analizar comportamientos. Me gusta conocer cómo piensan y actúan los demás, en distintas condiciones y situaciones.

     El Subway de Nueva York resulta un lugar muy interesante para mi. Lo primero que noté, al esperar el tren, el primero de mis días en aquella ciudad, fue la indiferencia. Cierto, nadie se conoce entre sí, pero nadie da saludos de cortesía y todos evitan contacto o aproximación excesiva al cruzar de un lado a otro en la estación. Todos esperando el tren, algunos con paciencia, otros dando caminatas, muestra de desesperación o, quizás, en algunos casos, para combatir el frío de la mañana.

     Llega el tren, la mayoría de pasajeros tiene la cortesía de dejar que primero salgan los que se bajan en esa estación, aunque siempre existen las groseras excepciones. Para subir, todos llevan mucha prisa, aunque se evitan empujones. Algunos caminan rápido para ocupar cualquier asiento desocupado, otros, con mucha paciencia, simplemente se sujetan a un tubo, quedando de pie.

     Los siguientes días, se repite todo igual, aunque tomo trenes a distintas horas, por lo que hay variaciones. La gente lleva menos paciencia cuando es hora de ir hacia el trabajo. La cortesía es mucho menor y los empujones llegan a verse con cierta frecuencia. Muy eventualmente alguien me pregunta “qué hora es” o  “cuánto falta para tal estación”. Aunque no soy de esa ciudad, leo mucho los mapas, por lo que me mantengo bien informado y a la vez, puedo brindar la información solicitada. Lo normal, no es solamente que nadie pregunte nada, sino, que ni tan siquiera dirijan la mirada. Al parecer existe algún tabú respecto a verse las caras. Noto que todos evitan contacto visual, prefiriendo ver hacia el piso, al techo, o fingir leer uno de los carteles que tiene cada vagón del tren. En los horarios cuando la mayoría regresa del trabajo (hay que tomar en cuenta que allí, los horarios de trabajo se extienden las 24 horas, aunque el diurno es el horario de mayor movimiento), noto más paciencia, pero no parece finalmente paciencia, sino, agotamiento físico, quizá también mental. Una rutina que consume las horas, las energías y, por las caras que veo (rompiendo cualquiera que sea el tabú que lo impide), también la felicidad.

     En uno de mis últimos días, o mejor dicho, de mis últimas noches por esa ciudad, en el tren de vuelta al lugar donde me hospedaba, veo la misma monotonía, distintas personas, pero mismas expresiones, misma indiferencia, mismo evitar cruces de miradas, algunos grupos de 2 ó 3 que al andar juntos, hablan entre ellos, aparentemente sufriendo de sordera, dado el alto tono que utilizan. En el tren, las personas son exageradamente silenciosas o exageradamente ruidosas; no se conoce el punto intermedio. Sin embargo, pese al habitual y calcado panorama de siempre, en una de las estaciones donde el tren se detiene, sube alguien que llama mucho mi atención. Es una chica, es atractiva, es elegante, su pelo rubio parece acariciarle el rostro suavemente y, sus ojos claros, parecen 2 faros enfocando todo a su alrededor. Pero lo anterior, es solamente la parte superficial, lo que realmente me llamó la atención fueron otras cosas.

     Esta chica, entra al vagón comiéndose un helado, sube con la mayor paciencia que jamás vi en todos los trenes que abordé antes. Se abraza a uno de los tubos verticales para tener apoyo, quedándose de pie, mientras sigue saboreando su, aparentemente delicioso postre. El tren se pone en marcha, miro el entorno, todos los demás mantienen la típica indiferencia, muchas miradas perdidas en las ventanas, que no muestran más que tuberías y paredes oscuras pasando a toda velocidad. Todo es monótono, excepto ella, que con su mirada, recorre todo lo que tiene enfrente, sin inmutarse al mirar a la cara al resto de pasajeros. En un punto, cruzamos la mirada, yo por estarla observando desde antes, ella, por esa curiosidad tan poco habitual en aquel lugar. Mantengo la vista fija, ella no muestra reacciones, simplemente sigue saboreando las últimas cucharadas de su helado. Nada le preocupa, no lleva prisa, su paciencia le permite disfrutar de todo, lo que come, lo que ve, lo que vive. Es justamente la falta de paciencia, lo que tiene al resto de pasajeros sumidos en una tristeza claramente visible en sus rostros. Una que probablemente ellos mismos no sepan explicarse. El rostro de la chica luce radiante, proyecta alegría. Me pregunto si, al igual que yo, ella también va analizando el comportamiento del resto de personas. Me pregunto por qué no encontré personas así en los demás trenes. ¿Será que ella estaba de turista como yo? Las personas suelen callar en el tren, algunos leen libros, otros escuchan música, otros juegan en sus teléfonos móviles. Ella no hacía nada de eso, al terminar su helado, simplemente seguía con su rostro sonriente, sin razón aparente. ¿Será que disfrutaba de todo en su vida? ¿A qué se dedica? ¿De dónde es? Son muchas preguntas que surgen, pero que no puedo responder por simple observación.

     En una estación se bajan varias personas, quedan asientos disponibles, pero ella se queda de pie. Al parecer le gusta observar su entorno y para ello, es más fácil cuando se está de pie. Si yo fuera sicólogo, ella sería un excelente caso de estudio. Aunque quizá, esté viendo en ella justamente lo mismo que he estado haciendo. Quizás sea otra persona como yo, con la paciencia para observar y analizar el entorno, con la osadía de romper tabúes, la determinación de disfrutar el momento, sin importar las condiciones.

     Se detiene el tren, se baja la chica. Sale caminando despacio, del mismo modo en que había entrado. El tren se pone en marcha nuevamente y pienso varias cosas. Quizás debí preguntarle su nombre y algunos datos sobre su persona, saber si su paciencia es natural, si vive en esa ciudad…   …tarde para eso. Con un nombre, hubiese tenido que renombrar el título de este escrito (esto es una forma positiva de ver las cosas).

     Como esto fue real, no una fábula, no se si deba concluir con alguna moraleja. De todos modos, puedo concluir que, aun en un lugar donde todo parezca siempre lo mismo, con paciencia, podemos encontrar algo especial.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

vallamuy bonito relato, te gusto la chica del tren lol

Sam dijo...

Bueno muy bueno... Te has montado en el MMG una mañana de esas de lunes a viernes. Es un infierno...

Luduing Rodríguez dijo...

Jajaja, el "MMG", en una visita a SD, me llevaron a "dar una vuelta" para conocer ese Metro. Al parecer era una hora floja, por lo que me libré del infierno de horas pico.

Melvyn Pérez dijo...

Y el pariguayo no le dio su asiento como hacemos en la erre dé, y tampoco le dijo nada sobre sus ojitos... quizas ella le hubiera dado un chin de helado o hasta su email...

lluvia dijo...

la gran mayoria de personas k viven en N.Y. llevan una vida tan rutinaria y cargada de problemas economicos k se les olvida sonreir y saludar...de la casa al trabajo y del trabajo a la casa ...muchas veces pensando k estas llegando el dia d la renta k pareces apenas k ayer la pago,y k los landors no esperan ,y k muchas veces con un sueldito d 8 dolares la hora donde los gastos mensuales son de 2000...9 meses de frio enbuelto como un tamal ufffffff...sontantas las cosas k llevan los transeuntes del tren en sus mentes k van como en una sonnolencia k solo despiertan al llegar a su "parada"....seguro k "la chica del tren" eras una turista

Yhoanny dijo...

Encontraste la diferencia entre tantos días observando, para al final convertirte en uno de ellos, uno más del tren.
Faltaste al honor de cualquier buen dominicano, que ante tal situación no se hubiese quedado callado, hasta el típico "que calor hace" o que frío, tratándose de NY.
Lo irónico, tanto que te gusta hablar!!!

Luduing Rodríguez dijo...

La paradoja es que, de haber hablado, no hubiese existido esta historia :D

"Para apreciar la montaña, hay que estar en el valle; para apreciar el valle, hay que estar en la montaña".

Amalfi Mendez dijo...

Lu!!! que hubo ahi???

Luduing Rodríguez dijo...

Varias cosas, Amalfi, pero entre todas, mucha paciencia :D

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