Mas allá del mar

“A quienes me preguntan la razón de mis viajes, les contesto que sé bien de qué huyo, pero ignoro lo que busco”Molière
Sunset

    Algunas personas echan raíces en el lugar donde nacieron. Otras personas tardan un tiempo buscando su lugar ideal para echar raíces. Existen otras que sin embargo, consideran (metafóricamente) que las raíces son para los árboles.

    Aprendemos a adorar regresar a nuestro hogar, pero a la vez nos perdemos la oportunidad de sentir como hogar al mundo entero. Sería bueno preguntarse cómo sería en la era donde el hombre vivía errante toda su vida, nómada, dueño de nada, pero dueño de todo. Sin pertenecer a una nación, pero sin fronteras que lo detuvieran.

     Hoy día, aunque queramos, resulta difícil ir a donde nos de la gana. Hoy  vivimos en un mundo segmentado, dividido en porciones de tierra separadas por líneas imaginarias que llamamos fronteras. Vivimos limitados por pequeños libros que llamamos pasaportes, los cuales, dependiendo el país emisor, sirven para que otros países nos discriminen o nos enaltezcan cuando intentamos cruzar sus fronteras.

     Hoy día el hombre no es un ser libre. No puede moverse a donde desee, a menos que consiga autorización. Libres, al menos, son los peces, que nadan de un océano a otro sin consultar la fecha de caducidad de ningún documento. Libres son las aves, que cruzan las tierras altas y las bajas, indiferentes a las divisiones de los mapas, ya que desde su cielo, no se ven líneas fronterizas ni oficinas aduanales.

     Libre es el polizón, que sin saber el destino del barco, va hacia donde quiere ir, contrario al capitán, que se dirige a donde le ordenaron llevar la carga.

     Libres son los niños, que sonríen por felicidad, no por cortesía.

     Libres son los locos, que a falta de cordura, les sobra imaginación para ir mas allá del mar.