Educar para ser felices

"Quien es feliz hace feliz a los demás también."Anne Frank

Asombro

     Vivimos en un mundo con mucha diversidad, tanto de culturas, ideales, religiones, idiomas, razas, etc. Según cada caso, nos influencia de alguna u otra forma la educación que recibimos, no solamente la educación escolar, sino también, la educación que recibimos por parte de nuestros padres, familiares y demás personas con quienes interactuamos frecuentemente.

     Aunque ciertamente podemos encontrarnos distintos niveles de educación y distintas orientaciones de la misma, algunas cosas en común podemos atrevernos a mencionar: Nos educan para trabajar, nos educan para dirigir a otros, nos educan para ser mejores personas, nos educan para muchas cosas, pero no nos educan para ser felices.

     Increíblemente, todos luchamos por lograr metas, por alcanzar objetivos propios o ajenos, de forma individual o colectiva, algunos sólo luchan por conseguir sustento, otros por banalidades e incluso hay quienes luchan sin saber por qué. Al final vemos todo por lo que luchamos como nuestra misión en la vida, esperando que eso nos haga felices en el futuro, sin embargo, olvidamos ser felices en el presente.

     Debemos preguntarnos de que manera podemos educar para ser felices. No solamente nosotros mismos, sino también nuestros hijos, familiares, amigos, todos quienes nos rodean. Tal como la cita con que iniciamos este escrito, “quien es feliz hace feliz a los demás también”, y esto es cierto porque la felicidad es contagiosa (así como la contraparte, la tristeza, también es contagiosa).

     No creo que exista una fórmula mágica ni única, pero simplemente podemos inculcar a nuestra descendencia, que su único objetivo real, debe ser la felicidad en cada día que se viva. Lo demás es lo demás, no la prioridad. Podemos ser felices con lo que hacemos o podemos hacer lo que nos hace felices, los puntos de vista pueden ser diversos, pero el objetivo debe ser el mismo.

     Los niños suelen ser felices cada día, sin depender de ningún logro. Quizá nosotros los maleducamos haciendo que vayan perdiendo esa felicidad, cambiándola por algo que llamamos responsabilidad, o les educamos para que cambien felicidad por enfoque…   …o muchas otras cosas, pero todas suelen apartarlos de la felicidad que era natural en ellos, hasta que les mal educamos.

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