Absolutamente relativo

"Los pensamientos son las sombras de nuestros sentimientos" - Nietzsche


Pensando
Quise llegar mas allá del horizonte. Quise ver mas allá de lo que  calienta e ilumina el sol. Quise soñar con lo imposible y despertar en la realidad de mis sueños.

No me bastó caminar hasta agotar mis energías, pues el horizonte se mantiene siempre igual de lejano. No me bastó dilatar mis pupilas al máximo para lograr ver en la oscuridad de la fría noche. No me bastó el cansancio extremo de mi interminable caminata, para poder dormir profundamente hasta soñar y despertar al mismo tiempo, en una realidad absolutamente relativa.

No obstante a mis fracasos, descubrí algunas cosas importantes:

  • Pude descubrir que aunque el horizonte siempre estaba a la misma distancia, los lugares por donde caminé, las personas que conocí, la comida y bebida que probé, me dejaron una satisfacción que por mucho supera las expectativas que tenía de llegar al horizonte.
  • En la oscuridad, pude presenciar la majestuosidad del universo, su bastedad. Me hizo pensar que solemos enfocarnos en las pequeñas cosas y nos olvidamos de ver mas allá, donde la luz y la oscuridad conviven en aparente armonía. Cuando dejamos de enfocarnos en la oscuridad, las estrellas nos pueden servir de guía, a pesar de la enorme distancia que nos separa. Puede que su luz no ilumine el suelo que pisamos, pero es suficiente para que nuestros ojos las usen como brújula.
  • Aunque no desperté en la realidad soñada, pude soñar y, en mis sueños, pude contemplar la realidad que deseaba. Al despertar, tuve la suerte de recordar mis sueños. Esto me basta para dirigir mis esfuerzos hacia lograr esa realidad soñada.
El éxito y el fracaso son cosas tan relativas como el universo mismo.

Educar para ser felices

"Quien es feliz hace feliz a los demás también."Anne Frank

Asombro

     Vivimos en un mundo con mucha diversidad, tanto de culturas, ideales, religiones, idiomas, razas, etc. Según cada caso, nos influencia de alguna u otra forma la educación que recibimos, no solamente la educación escolar, sino también, la educación que recibimos por parte de nuestros padres, familiares y demás personas con quienes interactuamos frecuentemente.

     Aunque ciertamente podemos encontrarnos distintos niveles de educación y distintas orientaciones de la misma, algunas cosas en común podemos atrevernos a mencionar: Nos educan para trabajar, nos educan para dirigir a otros, nos educan para ser mejores personas, nos educan para muchas cosas, pero no nos educan para ser felices.

     Increíblemente, todos luchamos por lograr metas, por alcanzar objetivos propios o ajenos, de forma individual o colectiva, algunos sólo luchan por conseguir sustento, otros por banalidades e incluso hay quienes luchan sin saber por qué. Al final vemos todo por lo que luchamos como nuestra misión en la vida, esperando que eso nos haga felices en el futuro, sin embargo, olvidamos ser felices en el presente.

     Debemos preguntarnos de que manera podemos educar para ser felices. No solamente nosotros mismos, sino también nuestros hijos, familiares, amigos, todos quienes nos rodean. Tal como la cita con que iniciamos este escrito, “quien es feliz hace feliz a los demás también”, y esto es cierto porque la felicidad es contagiosa (así como la contraparte, la tristeza, también es contagiosa).

     No creo que exista una fórmula mágica ni única, pero simplemente podemos inculcar a nuestra descendencia, que su único objetivo real, debe ser la felicidad en cada día que se viva. Lo demás es lo demás, no la prioridad. Podemos ser felices con lo que hacemos o podemos hacer lo que nos hace felices, los puntos de vista pueden ser diversos, pero el objetivo debe ser el mismo.

     Los niños suelen ser felices cada día, sin depender de ningún logro. Quizá nosotros los maleducamos haciendo que vayan perdiendo esa felicidad, cambiándola por algo que llamamos responsabilidad, o les educamos para que cambien felicidad por enfoque…   …o muchas otras cosas, pero todas suelen apartarlos de la felicidad que era natural en ellos, hasta que les mal educamos.

Vivir para consumir

"El consumismo es la malacrianza que nos deja la escuela de la economía"Anónimo

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     Érase una vez las tribus, los clanes, las antiguas comunidades campesinas, entre otros tipos de grupos humanos, todos con algunas cosas en común: Vivían unidos por y para el bien común.

     Los seres humanos de antaño, colaboraban entre sí para la recolección de frutos, la pesca, la caza, la agricultura o hasta la crianza de animales. Todo un esfuerzo combinado para obtener los recursos que les permitiesen subsistir.

     Esto funcionaba bien; los frutos recolectados abastecían el almacén de todo el grupo; los resultados de la pesca o la cacería eran compartidos y las cosechas eran para el consumo de todos. Esta economía (por llamarlo de alguna forma), no estaba basada en el consumo, sino, en los recursos.

     Pero luego llegó la era moderna. Conocimos un sistema llamado capitalismo, el cual nos traía un concepto interesante de economía. Ahora ya no debíamos velar por los recursos pensando en nuestro grupo, sino, velar individualmente por consumir más que los demás. Quien más consume, es el más exitoso.

     Es una idea vendida como muy atractiva, hasta que se eliminan las fórmulas financieras complejas que  la suelen definir y se expone la verdad de una forma simple y llana. Se trata de vivir un interminable esfuerzo por alcanzar riqueza, poder adquirir la mayor cantidad de cosas posible y renovar o cambiar muchas de ellas, aunque aun funcionen, todo sea por tener lo último de la moda o estar en onda con la tendencia del momento.

     En el capitalismo, tal como lo indica su nombre, lo más importante es el capital. Dicho esto, se comprende cómo el bienestar social pasa a segundo plano, por ejemplo, cuando nos damos cuenta de que la única forma de que en este sistema puede existir riqueza económica, es si existe pobreza. Por esto, cuanto mayor riqueza existe concentrada en pocas personas, mayor pobreza existe, repartida en muchas personas.

     Pongamos un ejemplo simple: Supongamos que en un país habitan 10 mil personas, que en ese mismo país existe un capital total de 1 millón de dólares y que en un principio, el capital se reparte equitativamente entre las 10 mil personas, o sea, que cada persona inicialmente posee 100 dólares. Al cabo de 5 años, en ese país han ocurrido varias cosas; se han creado negocios, se han vendido inmuebles, han ocurrido desastres naturales que han arrasado edificaciones, entre otras cosas que normalmente ocurren en los distintos países. Cuando revisamos el capital de los habitantes, pasados esos 5 años, nos encontramos conque el millón de dólares ahora está repartido de forma distinta. 5 habitantes ahora son ricos, teniendo cada uno 100 mil dólares. Otro habitante es incluso más rico, encontró la forma de hacer dinero a partir de la desgracia de otros, sirviendo como prestamista hipotecario. Este acumuló 200 mil dólares.

     Sumando los 200 mil del prestamista y los 500 mil de los otros 5 habitantes ricos, tenemos que del millón de dólares, estas 6 personas poseen acumulados 700 mil dólares (70%). La matemática más simple nos dice que 100% – 70% = 30%. Esto es, que de los 10 mil habitantes, ahora 9,994 luchan entre sí por repartirse 300 mil dólares (que es lo único que queda luego de que 6 habitantes se hicieran ricos y acumularan el resto del capital). Si repartiéramos esos 300 mil, cada habitante tocaría ahora solamente unos 30 dólares aproximadamente. Como no es equitativo, en realidad algunos tocan a más de 30 dólares y otros tocan a menos (o nada).

     Así funciona el capitalismo. Cuando se encuentra la forma de empobrecer a muchos, automáticamente se crea riqueza en manos de pocos, redistribuyendo el capital. Para esa excelente fórmula ganadora, se mantiene un sistema llamado consumismo, donde los habitantes, no del país imaginario que usamos de ejemplo, sino, del mundo, son guiados continuamente hacia el consumo desmedido. Sea por medio de la televisión, radio, periódicos, revistas, letreros, cine y cualquier medio disponible en el cual se pueda pasar algún mensaje que incentive trabajar eternamente para poder consumir y que nuestro dinero llegue a manos de esos pocos que serán los acumuladores de todo el capital.

     A veces pensamos que somos inteligentes, pero mientras aceptemos un sistema que requiere generar pobreza para poder ser “exitoso”, deberíamos meditar profundamente y volver a evaluar las razones por las que nos consideramos inteligentes.

Mas allá del mar

“A quienes me preguntan la razón de mis viajes, les contesto que sé bien de qué huyo, pero ignoro lo que busco”Molière
Sunset

    Algunas personas echan raíces en el lugar donde nacieron. Otras personas tardan un tiempo buscando su lugar ideal para echar raíces. Existen otras que sin embargo, consideran (metafóricamente) que las raíces son para los árboles.

    Aprendemos a adorar regresar a nuestro hogar, pero a la vez nos perdemos la oportunidad de sentir como hogar al mundo entero. Sería bueno preguntarse cómo sería en la era donde el hombre vivía errante toda su vida, nómada, dueño de nada, pero dueño de todo. Sin pertenecer a una nación, pero sin fronteras que lo detuvieran.

     Hoy día, aunque queramos, resulta difícil ir a donde nos de la gana. Hoy  vivimos en un mundo segmentado, dividido en porciones de tierra separadas por líneas imaginarias que llamamos fronteras. Vivimos limitados por pequeños libros que llamamos pasaportes, los cuales, dependiendo el país emisor, sirven para que otros países nos discriminen o nos enaltezcan cuando intentamos cruzar sus fronteras.

     Hoy día el hombre no es un ser libre. No puede moverse a donde desee, a menos que consiga autorización. Libres, al menos, son los peces, que nadan de un océano a otro sin consultar la fecha de caducidad de ningún documento. Libres son las aves, que cruzan las tierras altas y las bajas, indiferentes a las divisiones de los mapas, ya que desde su cielo, no se ven líneas fronterizas ni oficinas aduanales.

     Libre es el polizón, que sin saber el destino del barco, va hacia donde quiere ir, contrario al capitán, que se dirige a donde le ordenaron llevar la carga.

     Libres son los niños, que sonríen por felicidad, no por cortesía.

     Libres son los locos, que a falta de cordura, les sobra imaginación para ir mas allá del mar.

Guayacanes nacionales

“Es la ley de la guerra que los vencedores traten a los vencidos a su antojo”Cayo Julio César
Guayacán     Visitando un museo ubicado en “La Isabela”, Rep. Dominicana, en la zona donde Cristóbal Colón arribó por vez primera a la isla de “Quisqueya” (posteriormente “Santo Domingo”), en el año 1492, me detengo a fotografiar este árbol conocido como “Guayacán”, que según el guía del museo, tiene unos 500 años ya, es decir, es de la época de los colonizadores.

     Curiosamente, esta visita la hago justo dos días después de que en República Dominicana se celebrase el “día de la restauración”,  que fue una guerra donde los nacionalistas dominicanos lucharon para recuperar el control del país, que había sido recolonizado por España (400 años después de la primera colonización). Este día es celebrado con mucho fervor y la gente deja sentir su patriotismo mostrando la bandera nacional en el frente de sus casas durante todo el día.

    Pero pensando cinco siglos antes, cuando Cristóbal Colón llegó por vez primera a la isla, ¿estaba habitada por dominicanos? ¿o acaso eran los taínos quienes habitaban estas tierras?

     Dejando sarcasmos fuera, no hay que estudiar mucho para saber que los taínos eran los habitantes isleños, quienes no conocían escudos ni banderas, por lo tanto, no conocían de patriotismos y/o nacionalismos.

     Lastimosamente (como diría una persona que conozco), los taínos fueron dominados por los conquistadores, quienes a fuerza de cañón, los doblegaron, los controlaron con el látigo y la espada, esclavizándolos para obtener mano de obra gratuita, así como en cada lugar donde existió y existe la esclavitud. Bien es cierto que no todo fue fácil, pues algunos taínos eran bastante aguerridos, principalmente Caonabo, hombre valiente y quien liderara Maguana, uno de los cinco cacicazgos en que se dividía para entonces la isla. Este cacique lideró ataques contra los españoles, llegando a causar bajas importantes y sensibles, como fue el ataque al “fuerte La Navidad”, donde los guerreros de Caonabo acabaron con los 39 guardias que vigilaban el fuerte y posteriormente quemaron el fuerte por completo.

     ¿Caonabo luchaba por su patria? ¿o luchaba para defender a su gente, fuere del cacicazgo que fuere, de los abusos cometidos por los conquistadores?

     Después de los españoles haber tenido control absoluto de los taínos, poco a poco los fueron exterminando, hasta llegar a su extinción total. Luego de esto, la isla empieza a poblarse de españoles y posteriormente de mezclas con africanos y probablemente otras nacionalidades de origen, sumado a hijos mestizos de españoles con mujeres taínas, que tuvieron antes de haber exterminado los originales nativos.

    Hoy hablamos de nacionalismo y patriotismo, mientras olvidamos que los pobladores previos a los españoles, fueron esclavizados y masacrados hasta su extinción. Hablamos de orgullo nacional, cuando ignoramos que el lenguaje que utilizamos para expresarnos, es el de los conquistadores que llegaron hace mas de 500 años. Hablamos de independencia, cuando desconocemos la manera en cómo funciona la economía nacional, la deuda eterna, el secuestro económico de las entidades como FMI o el Banco Mundial.

     Hablamos de ondear en alto nuestra bandera nacional, mientras ignoramos que somos como el árbol Guayacán, plantado hace 500 años y ahora utilizado como madera, no solo para aquellos que lo plantaron, sino, para toda nación poderosa que sepa aprovecharse de la ignorancia colectiva en países cuyos habitantes, en lugar de luchar por el bien de todos, contra la corrupción y contra todos los males que afectan nuestras sociedades, prefieran vestirse bien y salir a desfilar, en honor a una bandera, un himno o un escudo que alimente su ego personal, al menos durante un día.

La máscara invisible

“Los hombres no cambian, se desenmascaran”Germaine De Staël

Disfraz

     Suelen darse los casos de personas que nos muestran una versión de ellas mismas, que al parecer es variable, según las circunstancias del momento. En algunos casos, nos muestran su versión más amable, cuando quieren conseguir algo de nosotros, pero una vez conseguido el objetivo, dejan salir su verdadero “yo”. La versión real de su persona.

     En ocasiones llamamos a esto “usar máscara”, que viene siendo equivalente a “tener dos caras”. El problema (o lo bueno) de quien utiliza una máscara, es que tarde o temprano, por descuido o por circunstancia, resulta desenmascarado y la verdad queda expuesta.

     Los famosos “lobos disfrazados de ovejas”, son comunes en casi todos los ambientes. Es como si fuera algo “natural” en el ser humano. Es un comportamiento aparentemente “heredado”, no de nuestro respectivo árbol genealógico, sino, de la sociedad en que crecimos. Es un modus operandi que algunos adoptan y que emplean para conseguir alcanzar sus “metas”.

     Con la experiencia, es posible que nos demos cuenta de cuando una persona utiliza alguna “máscara” que disfrace sus verdaderas intenciones. Es posible que aprendamos el olor de los lobos y el de las ovejas, para poder así distinguir unos de otros, a lo lejos. Es posible que sepamos evitar asociarnos con estos falsos profetas. Sin embargo, lo que nunca resulta fácil tarea, ni para el más experto conocedor del ser humano, es detectar “la máscara invisible”.

     Por invisible me refiero, no solamente a que es una máscara no visible por el ojo, sino también, imperceptible a los demás sentidos. Un lobo al que no podamos olfatear, ni a lo lejos ni estando frente a el. Un ladrón al que no podemos escuchar mientras se desliza por las sombras de la noche. Esa máscara invisible es la que utilizan aquellos que, estando en su versión real o estando en su versión malintencionada, no presentan diferencia alguna. Es una máscara propia de verdaderos maestros del engaño. A esos maestros debemos reconocerles su mérito, pues logran ganar confianza y ejercer poder de una forma tan natural, que parecen haber nacido para ello.

     Aun a estos maestros, les aplica la misma frase con la que iniciamos este escrito: “Los hombres no cambian, se desenmascaran”. Si bien es cierto que para estas máscaras invisibles existen muy pocos detectores, también es cierto que la falsedad no es un árbol que cuenta con raíces para sostenerse. Es cuestión de tiempo para que caigan, máscara y enmascarado.

Nacionalismos

“El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”Albert Einstein

La Tierra

     Esta magnífica foto, cortesía de NASA, muestra a nuestro planeta Tierra en toda su extensión. La mayoría de nosotros podemos distinguir, al menos, lo que llamamos Continentes. Pero, ¿qué ocurre con las naciones? ¿dónde están las fronteras que suelen verse en los mapas? Obviamente estas fueron preguntas retóricas.

     Las naciones no son algo natural, es decir, no son como La Tierra, que ha ido transformándose a través del tiempo. Las naciones son creadas por el ser humano y su insaciable sentido de la propiedad privada, que llega hasta niveles tan altos, que se atribuye como suyo algo que estaba mucho antes que su existencia misma.

     Normalmente solemos hablar de libertad, pero pretendemos ser libres imponiéndonos fronteras. Es como las personas que obtienen mucho dinero (a saber de qué manera) y construyen una casa muy grande, con una fachada sumamente ostentosa y costosa, pero la cubren con un enorme paredón que cubre la vista desde la calle, cubren todas las ventanas con rejas de metal, todas las puertas con sensores de alarma y, luego de esto, son libres dentro de su propia prisión.

     Cuando los colonizadores llegaron a lo que hoy se conoce como el continente americano, lo primero que hacían al “colonizar”, era someter a los pobladores nativos a una esclavitud, luego, exterminarlos gradualmente. De esta forma se fueron creando las primeras naciones de América. Se repartieron el continente como si se tratase de una pizza.

    Sería difícil explicarle, por ejemplo, a un taíno (habitante precolombino), cómo lo que ellos conocían como su “madre tierra”, no era de TODOS los habitantes, sino, que era propiedad privada de los recién llegados colonizadores y que los taínos deberían limitarse a usar lo que se les permitiese usar y solamente cuando se les permitiese. Luego intentar explicarles por qué razones serían exterminados y su “madre tierra” se dividiría en naciones con algo extraño e invisible llamado frontera, que debía protegerse a fuerza de espada (ahora a fuerza de fusil). No me imagino una explicación coherente que el taíno pudiera aceptar.

     Muchas personas son nacionalistas por confusión. Entiendo que de las personas que conozco, muchas se consideran a sí mismos como nacionalistas, pero pensando en un ideal de “libertad”, “democracia”, “acto patriótico”. Es bueno citar un ejemplo muy famoso, pero comúnmente NO asociado a la idea nacionalista: El ejemplo más contundente de lo malo del nacionalismo, fue del partido NAZI, liderado por Adolf Hitler. Hitler tenía ideas bien claras de por qué era conveniente (para sus planes), eliminar el sentido de internacionalismo. Citamos una de sus frases:

Nuestro pueblo primero tiene que ser liberado de la confusión desesperada del internacionalismo y ser educado deliberada y sistemáticamente en un nacionalismo fanático” – Adolf Hitler

     Es obvio que el internacionalismo no conviene a quienes desean ostentar el poder y control de una población. El nacionalismo hace que las personas se aferren a “defender” sus fronteras, esos muros invisibles que encierran a una nación, es apostar a la división. Ideal para quienes se basan en la maquiavélica frase “Divide y vencerás”, pues teniendo pueblos divididos y luchando entre sí, es mucho más fácil conquistarlos, incluso sin necesidad de luchar.

     Los seres humanos somos una sola raza, no existen seres humanos exclusivos por cada nación, somos iguales aunque nos tratamos como distintos, sea por el color de piel, la forma facial, las creencias, la cultura. No evitaremos que seamos distintos en cuanto a las formas, pero en el fondo, seguimos siendo los mismos seres humanos, todos iguales como demuestran los rayos-x, donde vemos solamente nuestro esqueleto, libre de lo que nos diferencia.

     Luchar por defender la libertad, es algo por lo que vale la pena morir. Pero esto no es lo mismo que luchar por una falsa soberanía, por una falsa democracia, por aislarnos, por ser “los mejores”…    …no es lo mismo.

     Luchar por la igualdad, por la justicia, sin importar nacionalidades, sin fronteras (tal como se aprecia en la foto de arriba, las fronteras no son parte de la Tierra), eso es admirable.

Finalizamos este escrito citando a un científico muy entusiasta, que nos llevó a muchos a ser, al menos, aficionados al mundo de la astronomía y la física:

“Basta con contemplar un ratito la Tierra desde su órbita para que los nacionalismos más fuertemente arraigados comiencen a erosionarse. Parecen ácaros disputándose una migaja.Carl Sagan