Injusticia Social

“Los cobardes son los que se cobijan bajo las normas.”Jean-Paul Sartre

espectador

     En todas las sociedades humanas, de alguna u otra manera, existen normas, reglas, leyes, “pautas” o como queramos llamarles, que rigen todo lo que hacemos o nos indican los límites de lo que podemos hacer. Para fines prácticos y, para ir en consonancia con la frase que dio inicio a esta publicación, en lo adelante usaremos la palabra “norma”.

     Una sociedad utiliza las normas como forma de control, sea para asuntos morales, legales o hasta religiosos, pero ¿quien redacta esas normas? ¿a quien obedecen? ¿a quien benefician? ¿a quien perjudican? Es una realidad que a nosotros, independientemente de las respuestas, nos enseñan una norma básica: obedecer las normas.

     Desde nuestra infancia, pasamos por varios procesos donde vamos aceptando como bueno y válido el obedecer sin cuestionar. Esto nos va creando una actitud de sumisión y aceptación a tal grado, que a veces llegamos a aceptar cosas ridículas, solamente porque así se nos indica que lo hagamos. Esa actitud sumisa es explotada por varios “grupos”, de entre los cuales, uno que destaca es el de los políticos. Gracias a que los estados controlan los organismos que dictaminan las normas, la clase política ha ido adaptando las normas a su medida, permitiéndose las libertades que ellos necesitan y que los mantienen impunes cuando cometen actos de corrupción.

     Lo anterior permite a los políticos ser corruptos y estar tranquilos, pero no conformes con la pasividad y sumisión de la sociedad ante sus actos, crean nuevas normas para evitar, usando la fuerza si es “necesario”, que el pueblo proteste. Aun así, esas normas resultan innecesarias, dado que lo mas común es que nos limitemos a ser simples espectadores de las injusticias sociales. En muchos casos, cuando algunos intentan hacer algo en contra de esas injusticias, son otros “espectadores” los que intentan frenarlos, impedir que expresen sus argumentos de protesta. Esos son vistos por la clase política como “tontos útiles”, ya que a ellos no les sirven para nada, pero ayudan a no empeorar la opinión pública.

     El panorama mundial tiene en común la gran crisis del capitalismo, pero es interesante ver la forma como todos los gobiernos han ido aplicando “ajustes” que consisten en recuperar dinero, no de los responsables causantes de las crisis, sino, del pueblo. Esto lo hacen imponiendo más impuestos, recortando asistencias o ayudas, reduciendo presupuestos educativos o de salud, aumentando la edad para el retiro (acceso a las pensiones), entre otras cosas que debieran considerarse como injusticia social, pero que lamentablemente, lo vemos como “normal”. Los gobiernos acomodan todo para que sus patrocinadores (los grandes empresarios dueños del capital), puedan operar sus negocios sin problemas, aun cuando esto implique estrangular, casi literalmente, a la población.

    Callarnos antes la injusticia, es ser partícipe de ella. Las razones para tomar acción son casi infinitas, sin embargo, las razones para mantenernos como espectador y no expresarnos, al menos a mi entender, son nulas.

     Las normas deben acatarse únicamente cuando son en favor de todos, pero cuando las normas son creadas para el beneficio de pocos y en perjuicio de muchos, deben impugnarse. Debemos expresarnos en todas las maneras que podamos, contra la injusticia social, contra la corrupción de la clase política, contra la manipulación mediática, contra la pasividad e indiferencia de aquellos que no tienen conciencia.

 

No pequemos nunca, ni de traidores ni de cobardes. La justicia social se debe hacer cumplir desde abajo hacia arriba. El pueblo no debe ser quien pague la pena de los verdaderos culpables. Quizá algún día dejaremos de ser espectadores de la injusticia social, cobardes y traidores de nuestra propia sociedad, partícipes de nuestra propia desgracia.

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