La teoría de las ventanas rotas

     "si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos. ¿Por qué? Porque es divertido romper cristales, desde luego. Pero, sobre todo, porque la ventana rota envía un mensaje: aquí no hay nadie que cuide de esto."

James Wilson y George Kelling

     Lo que acabamos de leer, es la famosa teoría de las ventanas rotas, la cuál fué formulada a partir de un experimento realizado por el sicólogo Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford, en 1969. El experimento consistió en lo siguiente:

- Se dejó abandonado un automóvil en las calles del Bronx, Nueva York, sin las placas de las matrículas y con las puertas abiertas. El objetivo era observar que ocurría.
   Al transcurrir solo 10 minutos, empezaron a llevarse componentes del interior. A los tres días ya no quedaba nada de valor. Luego empezaron a destrozarlo.

- Después de realizar las observaciones en el Bronx, se dejó un automóvil en condiciones similares en un vecindario rico de Palo Alto, California. Tras una semana completa, el automóvil seguía intacto. Nadie lo había tocado siquiera. Entonces, Zimbardo decidió ir mas lejos y fué con dos de sus estudiantes y destrozó parte de la carrocería con un martillo de demoler paredes. Descubrieron que luego de iniciar el destrozo, era muy difícil detenerse. Los observadores, quienes estaban irradiando ira, finalmente se unieron al vandalismo y hasta que el OldsMobile 1959 quedó totalmente destruido, igual que como había quedado el del Bronx.


     Viendo el resultado de este experimento social, y analizando de cerca la teoría de las ventanas rotas, vemos que la realidad de nuestros países tercermundistas, es exactamente eso: ¡Aquí no hay quien cuide de esto!

     Nuestros sistemas de gobierno se han empeñado en hacerse con todo lo que puedan mientras dure su "reinado" y de paso, apoyar con leyes y decretos a los empresarios e inversionistas que los apoyaron mientras se candidateaban para las elecciones. Estos empresarios e inversionistas, al menos algunos, quizá en su momento pudieron ser personas de principios, pero al ver las "ventanas rotas" que van dejando los gobernantes, se contagiaron de ese vandalismo y se unieron a seguir destruyendo para su satisfacción propia, obviando las necesidades del pueblo o país.

     Del mismo modo que se perdieron los principios de los "patrocinadores" de los gobiernos, así mismo se va contagiando el pueblo en general. Las personas que antes tenían sus ideales, luego son tentados a romper ventanas, ya sea recibiendo dinero directamente o aceptando puestos gubernamentales con ciertos accesos o facilidades que les permitan lucrar a diestra y siniestra. De este modo, se pierde toda una sociedad, que pasa de pensar y actuar por el bien común, a comportarse como un grupo de vandalismo en favor de una anarquía, que si bien no es reconocida, sí que está presente, pues los de arriba (gobernantes y poseedores del capital), pueden manejar las leyes, haciendo que el poder Judicial sea independiente solamente en teoría.

     ¿Cómo evitamos que se sigan rompiendo las ventanas de nuestros países? ¿Con quién contamos para detener este vandalismo inescrupuloso? Debe ser una respuesta difícil. Por lo pronto, me atrevo a asegurar que la iniciativa nunca vendrá de arriba, sino, que solo el mismo pueblo es quien puede reconocer y luego actuar para que esto se detenga y algún día podamos reparar todas las ventanas y evitar futuros vandalismos. Esto lo escribo con una expresión tan sarcástica como triste, pues reconozco lo difícil que es cambiar la mentalidad de todo un pueblo, sin embargo, ¡rendirse no es una opción!

     Agradecimiento especial a mi amigo Gioberty Tineo, quien inició el tema que dio como resultado este artículo.


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